Archivo mensual: enero 2012

Internet Ex_xplorer

Recientemente he llegado a una conclusión: muchas personas creen que en el mundo solo existe un navegador, el Internet Explorer. Esto se debe en gran medida a que muchas empresas solo les permiten tener uno, y por lo general es una versión obsoleta del antes mencionado (temo que al escribir el nombre muchas veces pueda pasarle algo a mi computadora. El drama).

En fin, a raíz del pensamiento anterior -que llegó a mi mente en medio de una trabazón luego de ver una calcomanía del IE pegada en un carro y luego de múltiples conversaciones con compañeros laborales que experimentan problemas por ese detalle- me di cuenta de que tengo todo un plan de contingencia para no tener que utilizarlo.

Plan A:  Mi navegador favorito en Chrome y casi nunca me falla. He utilizado hasta 29 pestañas y no ha fallado. Estoy segura de que aguanta más. :’)

Plan B: Firefox, el guerrrero. Para tareas específicas que tienen que ver con mi trabajo. Tampoco falla, aunque nunca le he dado tanto trabajo.

Plan C: Opera. Para emergencias.

Plan D: Si ninguno de los anteriores está a mi alcance siempre puedo considerar descargar e instalar otro.

Plan F: Si ninguna de las anteriores funciona, contra toda mi voluntad -y no sin antes haberme quejado hasta con los palos- intento con el IE. Pero siempre, siempre, siempre que me veo en la obligación de usarlo se traba y tengo que terminar reiniciando la computadora. T_T

P.D. Está bien que en algunos lugares solo dejen a sus empleados tener un navegador, pero sería genial que fuera otro y no solo el Internet Explorer. Y si usted lee esto y es usuario/amante de ese navegador, considérese la octava maravilla del mundo. :)

¿Somos libres?

Este año me he propuesto retomar el hábito de la lectura, el cual he descuidado por múltiples motivos. Y para iniciar en este trabajo, he conseguido Rebelión en la granja, de George Orwell.

Por el momento solo he leído la explicación de cómo se redactó el prólogo del libro y el prólogo mismo; pero con eso bastó para encontrar una idea que, siendo tan vieja, es tan actual.

Orwell decía que “la libertad significa el derecho a decirle a la gente lo que no quiere oír”. Leído eso, pensé en cuántas veces lo he hecho. Pocas realmente. Y claro, cuando sí lo hice, las reacciones de los demás fueron variopintas.

Supongo que esa gama de respuestas que se obtiene al ser “libre” es lo que nos lleva a la autocensura, a maquillar las palabras, a juzgar qué se puede decir y qué no, a siempre buscar el momento oportuno para hablar, el cual, si no se da, nos lleva a simplemente callar.

Es fácil creer que se puede ser libre y decir lo que se piensa aunque a los demás les sangren los oídos, sobre todo cuando sabemos que tenemos la razón. Lo malo es que, en algunos casos, hay otros factores en juego que nos detienen.

Pienso en lo que alguna vez quise decir -y, claro, no dije- y en tantas cosas que tengo para decir, y que sé que no saldrán de mi boca por temor al desenlace.  Supongo que no soy el único que ha pasado por circunstancias similares.

Orwell sostenía que la cobardía es una amenaza tan grande para la libertad como la autocensura. Le doy la razón.