Jalando por la naturaleza

Se llegó el gran día: 16 de mayo de 2010. La oportunidad de revalidar el título de la jalada del avión estaba frente a nosotros. Atrás habían quedado las tardes de entreno. Era ahora o nunca.

Ese día nos reunimos temprano para partir rumbo al aeropuerto. Personal de LPG, competidores y la incondicional barra; todos con la idea de conquistar una nueva corona. Tras una breve reunión para definir las posiciones [ya que al fin estábamos los 15 jaladores], abordamos el bus. La buena vibra era notoria. Las risas, los chistes y los recuerdos de la competencia del año pasado calentaban el ambiente; y claro, no podía faltar el reggaetón y la bachata cortesía del motorista.

Luego del “dale duro, papi, dale más duro” y del “maestra, enséñeme usted”, apareció Arjona. Ni modo, parecía que ya nada podía ir peor y de repente… ¡boom!, un fuerte golpe y un salto que nos sacó un susto de los buenos. ¿Qué pasó? Una llanta explotó y un perno se quebró.  Tocó cambiarla.

Tras ese breve incidente, por fin llegamos al aeropuerto. La ansiedad, así como el calor, se había disparado. Como capitán del equipo me tocó ir a la rifa para definir el orden de las jaladas. Como siempre he sido salado para eso, temía por mi suerte. Tomé el papelito, lo abrí y mis temores se hicieron realidad: salió el número 4. Conocedores del orden, comenzamos a calentar.

Mientras nos preparábamos, un fuerte grito llamó nuestra atención.  ¡Au!, ¡au!, ¡au!. Parecía que alguien veía “300” a todo volumen, pero no era eso. Eran unos tipos vestidos de Pedro Picapiedra que parecían sacados  de la mismísima cantera del señor Rajuela. Dejando de lado a nuestros “prehistóricos” rivales, me dirigí a ver las primeras jaladas. Pasados dos grupos, ya había un tiempo a vencer. Vidrí y sus 32.94 segundos.

Así, llegó nuestro turno, ya no había vuelta atrás. Entramos al mejor estilo de Rocky Balboa, de Brasil a punto de jugar la final del mundial.  El que no “descargó” antes de jalar el avión, literalmente, se podía cagar en nosotros.  Se vino el conteo y… ¡a jalar! Los músculos a su máxima capacidad, 15 tipos dando todo y la mole de hierro moviéndose detrás de nosotros.  En el camino solo me dije a mí mismo, “mí mismo, hágale huevos”. Resultado: 32.54. ¡Éramos primeros!

Ahora era el momento de zocar, esperar que los 11 grupos restantes no nos pasaran. Luego de varias jaladas, seguíamos liderando. Pero llegó lo que temíamos: Banco Agrícola y sus 32.31. Empero, lo peor estaba por venir. Los “búfalos mojados” estaban frente al avión y lo movieron rápidamente; seguro entrenaron con rocas.  Los venidos de Piedradura  hicieron 29.31 segundos. Ahora estábamos en la tercera plaza.

Faltaban un par de grupos más, pero ninguno logró superarnos. Luego de tres horas de competencia y de haber zocado como nunca, al fin llegó el momento de celebrar.  Se vinieron las premiaciones, las fotos, todo había acabado.

No repetimos la corona, pero eso no importa, lo importante es que se apoyó una gran causa [la protección de la biodiversidad del país] y que pudimos compartir una experiencia más allá del ambiente laboral. Ahora solo queda esperar 2011, la Tercera Jalada del Avión y a ver cómo nos va.

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2 pensamientos en “Jalando por la naturaleza

  1. Siempre he querido participar en un evento de esos. Claro, no tengo la fuerza ni para jalar un carrito de supermercado (y vacío). Bue… más suerte el próximo año.

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