Ya no es lo mismo [15 de septiembre]

Rápido voy, rápido voy… rápido, rápido voy. Así le enseñaban a uno de chiquito cómo debía pegarle al redoblante, aunque también servía para que agarráramos el paso a la hora de marchar. No sé si aún lo hacen así, pero es lo que recuerdo.

Realmente no creo que las cosas hayan variado mucho. Los desfiles siguen manteniendo la misma “mística”. Y como todos los años, otra vez llegó septiembre y nuevamente hubo instituciones educativas que salieron a marchar.

Yo tengo varios años de no participar en los desfiles, desde que me gradué de bachiller en 2002. Es más, ni voy a verlos. Nunca fui muy animoso con eso de andar observando a la demás gente marchar, a menos, claro, que fuera mi hermana o algún primito el que anduviera por ahí. Aparte que desde hace un par de años, trabajo los 15 de septiembre.

Empero, el que no vaya a verlos no significa que no me gustaba marchar con mi colegio, cuando todavía era algo chivo, que te hacía sobresalir ante el pueblo que, sin importar el clima, estaba ahí para animarte.

Recuerdo que la primera vez que me seleccionaron para formar un pelotón [o sea grupo de jóvenes que parecían sanos como para poder desfilar y aguantar el recorrido sin desmayarse o vomitar], iba a séptimo grado, en 1997. Me sentí bien. “Está vergón”, me dije.  Pero no sabía al huevo que me estaba metiendo. Los ensayos por las tardes eran la ley, y no precisamente la ley más justa.

El tipo que dirigía nuestro pelotón era delgado, alto, muy desgarbado. Lo que tenía de chistoso y buena onda lo compensaba con una manía de castigarte al más mínimo error. Y las canchas del colegio daban para unas penitencias buenas [son de esas de baloncesto que están hechas de cuadritos de cemento, parecidos a los adoquines].

Entre las sanciones preferidas del “comandante”  estaban: ponerte a hacer flexiones mientras cargabas al “más flaquito”, hacer pechadas con él sentado en tu espalda, mandarte a que te tiraras al piso y que te pusieras sobre tus codos, entre otras.

Tras sobrevivir a las prácticas y al desfile, que como siempre incluyó un buen vergazo de agua, sentí que hice algo bueno. Simple y sencillamente, me divertí. Los años posteriores me dieron la opción de participar en otras ramas de lo que presentaba el colegio. Anduve con las banderas, escolta, en las banderas gigantes, hasta que llegó el día en que fui comandante, cuando iba a tercer año.

Confieso que me “vengué” de los castigos que pasé en los años anteriores, pero al final lo más vergón fue el trato con los más chicos, y qué decir del día del desfile.  Ver “tu”  trabajo en la calle, que los jóvenes lo hagan bien y recibir el aplauso del respetable era una gran onda.

Sin embargo, ese año costó “reclutar”  gente, todos presentaban excusas o constancias médicas que casi decían que de milagro llegaban a estudiar. Para mi sorpresa, al siguiente año casi no sale a desfilar la institución en la que me formé académicamente. Y eso que, por tradición, era la que cerraba los desfiles en Santa Tecla, la que “todo”  mundo esperaba.

No sé qué fue peor, si observar que cada año los alumnos querían participar menos o ver que esa vez, en 2003, los pelotones del colegio parecían pequeños grupos coreográficos. Triste. Desde ese momento decidí no volver a ver los desfiles, me pareció que perdió el chiste.

Y ya que los desfiles están perdiendo relevancia, parece que el nuevo referente del mes será “el Señor Donas”.

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3 pensamientos en “Ya no es lo mismo [15 de septiembre]

  1. Yo crecí en un colegio chiquito de colonia, en Cusca, y la verdad es que solo fui una vez como espectador a ver los desfiles en el Flor Blanca y otra más como socorrista de la Cruz Roja… pero a pesar de eso (y de creer que se celebra algo que ni siquiera se conoce bien como sucedió) creo q es una oportunidad de para los jóvenes que desfilan de presentar el trabajo que prepararon todo el año, de las instituciones para hacerse presentes en el espectáculo público, de las familias para salir a darse una vuelta y ver el show…
    Memorias como esta dan fe q con el tiempo se guarda gratos recuerdos de esos momentos.
    Feliz dia!

  2. Aquí en San Salvador es como muy masivo y quizá “el show” se lo roba el desfile militar. Al menos esa impresión me ha dado a mí, que únicamente los he visto en la tv algunas veces.

    Y no, no es lo mismo. No es que seamos “viejos” diciendo que todo tiempo pasado fue mejor, pero de verdad que en muchos aspectos de nuestra vida como país, lo de hoy no supera a lo anterior, sino que queda debiendo y bastante.

    Y eso que tú no tienes historia colegial ochentera y noventera ja ja ja ja ja

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