¿Hasta cuándo?

Huir. Correr. ¿Por qué no? Creo que todos, o al menos los afectados, hemos pensado que la única forma de salvarse del accionar delincuencial es huyendo de acá. Hace dos años, no pensaba así. Hasta que perdí a uno de mis mejores amigos en un asalto, consideré que lo mejor era escapar… aunque no solo eso.

Pensé que la Policía era un adorno, que la solución estaba en mis manos. Grave error. Pero el dolor puede cegar y llevarnos, aunque no es justificable, a reaccionar de manera violenta. ¿Por qué pensé así? Simple. No hay verdaderas respuestas de las autoridades de seguridad nacional.

Dos años después, la situación del país sigue igual: con una sociedad temerosa, con índices delictivos en aumento y con leyes que protegen más a los agresores que a los ofendidos.

Para gran parte de los salvadoreños, según la reciente encuesta realizada a escala nacional por LPG Datos, la delincuencia sigue siendo un problema muy grave para el país. Por ejemplo, entre los datos que arrojan las investigaciones se encuentra que un 72.1% de la población ve en las unidades de transporte colectivo el lugar más inseguro, seguido por los mercados municipales, los parques y los centros de las ciudades.

¿Qué significa esto? Acaso ya no existe un lugar donde podamos sentirnos seguros. ¿Y qué es estar seguros? Según la Real Academia de la Lengua Española es sentirse libre y exento de todo peligro, daño o riesgo. Algo que, al parecer, no es muy común entre los salvadoreños.

Por otra parte, el trabajo de LPG Datos mostró que la población considera que la solución para combatir la inseguridad en las calles es contar con más policías y realizar más patrullajes. ¿Realmente será esa la solución? No lo creo. De qué sirven más agentes y más armas para enfrentar a los delincuentes si al final las leyes tienden a ser condescendientes.

Ojalá algún día la realidad sea otra, que las leyes se cumplan y que las personas digan que realmente sienten seguridad. Mientras tanto, si todo sigue como hasta hoy, ¿será que estamos condenados a ser víctimas?, ¿acaso solo nos queda huir? Como gritaron los jóvenes de La Pepa: ¡¿hasta cuándo?!

PD.: Este texto fue una columna que tuve la oportunidad de escribir en el desaparecido Heraldo de Oriente en julio de 2008. Por lo tanto, la muerte de mi amigo fue en 2006 y las estadísticas de LPG Datos son de hace dos años.  Lo encontré y quise compartirlo con ustedes en este espacio.

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