Aventuras laborales

Y sin darme cuenta pasaron tres años. Sí, han transcurrido 1,095 días desde que empecé a laborar en este medio de comunicación. Sin embargo, antes de siquiera pensar en poder desempeñarme dentro de este rubro, tuve la oportunidad de desenvolverme en diversos empleos.

Así, vienen a mi memoria mis primeros centavos, cuando todavía llegaban con la imagen de don Cristóbal. Y entre imágenes y recuerdos que pululan por mi cabeza, creo que mi primer trabajo lo tuve cuando tenía 11 años. Me encargaba de hacer ventiladores industriales, de los llamados extractores de aire gravitacional. Aún tengo presente a mi siempre alarmante padre diciendo que estaba muy pequeño para eso, mientras mi madre solo me cuestionaba si estaba seguro de lo que quería.

La verdad es que yo lo que deseaba era ganarme mis monedas para el “estreno”. Para mi suerte, en esa época jugaba en un equipo de El Cafetalón, y el dueño, patrocinador y entrenador del FC Barcelona –así se llamaba el cuadro– era el mero jefe de la empresa de ventiladores. Tomada la decisión, fui a “trabajar”.

Llegué temprano. Mis compañeros eran maitros de 30 a 45 años. Y como no llevé ropa apropiada para lo que me esperaba, me prestaron unos pantalones talla “manyulo” y una camisa que parecía manta para colar horchata. Mi misión era mover las placas de lámina y cortar con un esmeril las hojas que formarían el ventilador. Pasada una mañana, tenía las manos rajadas. Tristemente, después de tres días, desistí. Confieso que mi madre no quiso que siguiera.

Después de esa experiencia vino la oportunidad de andar de encuestador. Vaya que es trabajoso conseguir personas con determinadas características, moverte por zonas que nunca has visitado, sacar las entrevistas a tiempo, conseguirle a tus compañeros y regresar al punto acordado sin que te dejen. Recuerdo que era algo sobre política, lo que ponía más complicada la cosa. Hubo una señora que me pegó una dormida de la Guardia Nacional y una tal “calle vieja”. A duras penas logré sacar el cuestionario con la doña.

Para este trabajo fue alrededor de una semana de salir a las 5:00 a. m. de la casa y no tener hora de regreso. Conocí colonias de Soyapango, Ilopango, San Martín, Nejapa; logré ver las ruinas del Tazumal, aunque las tuve enfrente por 30 minutos y no me había dado cuenta, y eso que estaba en la colonia Tazumal; hasta fui a Jujutla, por una zona cafetalera donde no hay energía eléctrica y donde recuerdo que me regalaron unas tortillas con queso duro. Lo triste fue el pago. Pasé esperando seis meses por 100 colones. Y siempre en el ámbito de las encuestas, unos añitos después, con la Alcaldía de Santa Tecla trabajé un día, ahí gané $15 y un saco de elotes cortesía de unos señores de Comasagua. Pasé varios días comiendo maíz tostado.

Entre otras de las actividades que realicé, está la de “ayudante”. Un vecino mío trabajaba haciendo estructuras metálicas, y sacando cualquier gallada, y me propuso que le ayudara arreglando las paredes de una iglesia. Acá me tocó hacer la mezcla para tapar los hoyos que había y después echarme la pintada del lugar. No recuerdo cuánto me pagó, pero como le gustó –digo yo que así fue– mi colaboración, me contrató para armar unos puestos en el entonces recién inaugurado mercado Dueñas, en Santa Tecla.

Creo que otra de las cosas que lo motivó a llevarme para colocar estos puestos en el mercado es que estaba en mi etapa de “cholo”, cuando mi onda era ganar músculos en el gimnasio. Entonces qué mejor que tenerme para levantar los pedazos de hierro y demás mientras él soldaba. Lo malo es que un día nos agarró la tarde y casi no se veía, y como él andaba lentes oscuros, me topó el electrodo al brazo. De la descarga casi suelto una lámina que detenía sobre mi cabeza, sentí que me tembló todo. Además del pago, me quedó el recuerdo de una quemada en el bíceps.

Mi padre fue otro de mis empleadores. Con él me fui a realizar reparaciones de maquinarias y dar mantenimiento a una caldera que serviría para la producción de concentrado para animales de granja. Como él es miedoso, a mí me tocaba andar cual mono subido en los tubos y forrándolos con un material que aislaba el calor. Suerte mía que abajo había una pila de alimentos, lo cual, ante un error, me habría servido de colchón. Recuerdo que un día nos quedamos sin dinero, almorzamos mango y sandía, nos pegamos una buena quemada patrocinada por el Sol y caminamos un montón para llegar a la calle principal. Y cómo olvidar al carnero bramoso. No hubo día que no anduviera con la lengua afuera, correteando… y “trabando” a las hembras.

Uno de los empleos, si es que puedo llamarle así, que mejor retribución económica me dejó, y en el cual me pagaron por jugar, sentarme a tomar el sol y bailar, fue cuando estuve de “chico Movistar”. Durante un mes, por tres horas diarias, tuve que estar en redondeles y centros comerciales haciendo cualquier tontera. La onda era llamar la atención de los que pasaran cerca. Hasta fui a la playa por dos días. Hubo buen billete.

Pero como no siempre las cosas son así de “maravillosas” y fáciles, llegó el momento de la verdad, un trabajo serio. Recibí una llamada mientras hacía un parcial. No contesté. Luego llamé y me dijeron que tenía que hacerme unas pruebas. Todo fue muy rápido y el mismo día ya había firmado contrato para revisar noticias de verdad.

Así, después de este tiempo, 36 meses, me he dado cuenta de que he tenido la suerte de desempeñarme en algo que me agrada. Lo que me gusta es que es una labor humilde, anónima la mayoría de las veces, que solo se ve cuando no se hace. Y aunque no todos los días se puede ser perfecto, se hace la lucha para estar cerca de serlo.

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4 pensamientos en “Aventuras laborales

  1. Mirá qué interesante lo último de tu post…nunca lo había visto así, aún cuando trabajé de lo mismo en mi tercer trabajo “serio”. Me remontaste igual a cuando era una “morrita” y trabajé por primera vez envolviendo regalos en Simán…parada todo el día y con un pinche aguinaldo (porque trabajé en temporada navideña) de 5 colones! Gracias por el flashback y nos vemos en el TT.

  2. Pues felicidades por ser tan trabajador. Buen ejemplo para futuras generaciones.
    Yo creo que mi primer primer primer trabajo fue levantando el cielo reflejado de la ex embajada americana y casi nos morimos del susto porque el lugar era bien tétrico.

  3. Toda una vida de trabajo. Cuando uno esta bicho como que el dinero que se gana, aunque sea poco, se mira con orgullo. Yo también comencé a trabajar pequeño (unos 13-14 años) en una bodega. He hecho de todo desde entonces.
    Saludos!

  4. Gracias por sus comentarios, Dark Angel, Clau y Gero. La verdad es que trabajar, si te gusta lo que hacés, por sencillo que parezca, es de lo mejor. Saludos y bendiciones!

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