Especies

Este planeta llamado Tierra está lleno de infinidad de seres vivos, algunos muy parecidos entre sí, otros completamente distintos y muchos más de los que apenas y tenemos información. Pero no solo en la inmensidad de este globo podemos identificar distintas clases de criaturas, un simple gimnasio nos permite realizar una clasificación de los seres que ahí se reúnen día a día a levantar bultos.

Visitar un gimnasio diariamente, aparte de favorecer nuestra salud y condición física, brinda la oportunidad de conocer personas interesantes, alcanzar una oportunidad laboral, obtener nuevas amistades… hasta “levante” podés conseguir. Empero, siempre hay individuos que destacan sobre los demás. Puede ser por su presencia física, símbolo de sus años de entreno o porque se “chutearon”, también porque siempre pasan contando chistes o simplemente porque son agrandados. Y eso aplica para ambos sexos.

Vamos a hacer un pequeño repaso de los personajes que visitan los gimnasios, veamos qué especies habitan en ellos:

El alucín de colegio: Este espécimen es el típico chico cool del colegio que se las cree de “muy, muy” y llega hablando infinidad de tonteras al gimnasio. Que “mil mujeres han pasado por su vida” (como si es la rolita guapachosa), que le revienta la trompa a medio mundo, que todo le vale, etc. Es el niño que necesita sentirse el centro de atención para ser feliz, y que para colmo tiene su séquito que siempre le celebra las estupideces. Últimamente tienden a ser chicos coreo.

El agrandado: Sea hombre o mujer, se considera el gran culo del gimnasio. Difícilmente socializan con aquellos que consideran no aptos a su “nivel”, y tienden a criticar a cualquiera que no cumpla sus estándares de entrenamiento y belleza. Es la evolución del Alucín.

Las divas: Son mujeres que bien pueden ser parte del grupo de Los agrandados, pero la diferencia radica en que sí le hablan a todos. Destacan por querer resaltar sus atributos, gozan de sentir las miradas de los demás; y como no les basta con esos ojos, cuando terminan una serie de ejercicios, no desaprovechan la oportunidad de verse las nalgas y comprobar qué tan hinchadas las tienen. Son de las preferidas del Acosador y el “Papa Napo”.

El acosador: Este personaje puede ser de cualquier edad, sexo, color, raza y religión. Basta con que vea carne joven y bien puesta para que se deje ir cual bestia hambrienta deseosa de meter los dientes donde pueda. Generalmente operan acercándose a su víctima, tratando de “entrenar” cerca de ella, mirándola mientras realiza ejercicios (se imaginan lo que pasa por su mente, verdad) y a la menor oportunidad de entablar conversación, le caen. Si lo identifica, no le dé pero ni una sonrisa. Son necios y aunque los ahueven constantemente, no se los quitan tan fácil.

Los “Papa Napos”: Hombres y mujeres mayores que cazan cuanto joven de buen ver se les pone enfrente. Generalmente miden hasta dónde se dejan seducir sus objetivos: un regalito aquí, una invitación por allá, intercambio de  números de celular, insinuaciones a la orden del día. Una vez conseguido lo que buscaban, pasan a poner la mira en otra presa.

Los pasantes: Estos son los que llegan solo en períodos específicos del año. Algunos lo hacen antes de Semana Santa y vacaciones de agosto, considerando que en 10 o 14 días lograrán el cuerpo que desean para lucirlo en las playas de nuestro querido país. También están los que solo se asoman cuando terminan las clases, sea de colegio o universidad. Independientemente del caso, hacen que los gimnasios estén más llenos que de costumbre.

Los parlanchines: Los que conforman este grupo son los que, aunque van todos los días al gimnasio, no ven resultados óptimos, la razón: hablan hasta por los codos. Pueden ser buenas personas, pero si te agarran plática, es seguro que ya no entrenaste bien.

Los consejeros: Pueden ser de distintas edades y casi siempre están a la orden para decirte “cómo” realizar un entreno. Tienden  a buscar ser la referencia de los más nuevos. No obstante, no siempre saben la forma adecuada de ejecutar un ejercicio. No hay que hacer caso de los fanfarrones, mejor busquemos al instructor.

Estas, queridos lectores,  son solo algunas de las especies que he conocido en el gimnasio al que voy. ¿Está alguna de estas en el que usted frecuenta?

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