De polizontes, cagadas y más…

Todo aquel que se dispone a sacar una licencia de conducir, tenga carro propio o no, sabe que además de aprender a conducir un vehículo –obviamente–, debe leer el instructivo de la Ley de Transporte Terrestre, Tránsito y Seguridad Vial. El objetivo: “conocer el reglamento que rige todo lo referido al tránsito terrestre”, o simplemente memorizar lo necesario para aprobar el examen teórico.

Yo no poseo carro, pero sí tengo licencia. Uno nunca sabe cuándo va a necesitar una, o en qué momento se presenta una urgencia y dicha “habilidad” puede marcar la diferencia, o sencillamente serás convertido en el conductor asignado en una salida con los amigos. En fin, las utilidades pueden ser variadas.

Volviendo a la Ley de Tránsito, el apartado que quizá preocupa más a la mayor parte de conductores es el título VI, de los aspectos complementarios, específicamente el capítulo II, o sea el referido a las infracciones, procedimientos, sanciones y recursos. Así, las faltas de tránsito y seguridad vial se clasifican en: leves, cuya multa asciende a $11.43; graves, a $34.29; y muy graves, $57.14.

¿Se preguntarán el porqué de este texto? Simple. Porque cuando recién saqué la licencia, y andando en un carro prestado, me multaron por estar parqueado en un eje preferencial, es decir, me sembraron con $57.14 porque dicha infracción se cataloga como muy grave. Chivo, lo acepto, así lo estipula la ley. Desde ese punto de vista, no hay problema.

Sin embargo, los que viven en Santa Tecla o pasan regularmente por la ciudad sabrán que en la zona de los portales, específicamente frente al mercado y el parque Daniel Hernández,  es común ver vehículos estacionados mientras las personas realizan compras. No es que pasen horas ahí, pero igual, ahí están. Y eso ha sido así desde que yo era pequeño, cuando iba con mi madre al mercado.

Entonces, como parquearse ahí era algo que veía desde niño y nunca había observado que multaran a alguien por eso, consideré que era permitido hacerlo brevemente. Craso error. Además, me confundí porque no se ve la pintura amarilla que determina que es un eje preferencial.

El día que me multaron me disponía a realizar una compra para la cual no iba a tardarme más de tres minutos. Acababa de bajarme del vehículo y en un instante aparecieron dos agentes de la División de Tránsito Terrestres de la Policía Nacional Civil (PNC).

“De quién es el carro”, dijo uno de ellos. Y cuando respondí solo me pidió la licencia y no habló más. Pasado un rato, y mientras yo estaba más que confundido, agregó: “Sabés que estacionarse ahí es una falta muy grave, te voy a poner la multa de $57.14”. Me quedé sin palabras.

Mientras esperaba mi multa alcancé a ver que un pick up que estaba estacionado pocos metros adelante de donde estaba, y que ya se encontraba ahí desde antes de mi llegada, acababa de arrancar. Se lo dije al agente y no me hizo caso. Vergón. El colmo fue un minuto después. Otro carro se parqueó casi detrás de nosotros, puso las luces intermitentes y una señora se bajó a comprar a una quesería. ¡Y los polizontes solo se le quedaron viendo y siguieron conmigo como si nada pasara!

No digo que me iban a quitar la multa, pero lo lógico sería que se la aplicaran igual a ella. Se lo dije al policía y le valió. Me encabroné y le reclamé con más fuerza. Y lo único que gané fue la amenaza de ponerme otra esquela por irrespetar a la autoridad. Ni modo, tuve que callarme para no pagar más. A la doña del otro carro solo la apuraron, la dejaron ir y no tuvo esquela.

Escribo de esto porque este fin de semana recién pasado fui con mi madre a esa misma quesería que está frente al parque y observé dos autos estacionados en esa calle. Justo en lo que estuve ahí pasó una patrulla y los agentes no les dijeron nada. En el parque estaban dos polizontes más y solo los miraban.

El día que me multaron no había nada de tráfico, era muy temprano y no interrumpía el flujo de vehículos; este fin de semana estaba cargado, era hora pico y los autobuses empeoraban la situación. Acepto que por ley merecía la esquela, que cometí un craso error creyendo que lo que he visto por años era permitido, pero tanto la doña de esa vez como los conductores de este fin de semana merecían ser sancionados también.

¿Dónde está la igualdad al momento de aplicar la ley?

 

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2 pensamientos en “De polizontes, cagadas y más…

  1. Qué horror….es triste pero cierto que en vez de imponer las leyes como se debe muchos oficiales del país propagan la falta de respeto a las leyes y el abuso de poder.

    Muchas gracias por compartir tu historia con todos. 🙂 Es importante saber la verdad.

  2. La igualdad no existe, al menos no aquí.
    Un día, casi choco porque una patrulla de tránsito se metió de un solo al carril donde yo iba, sin poner vía ni nada. Me les quedé viendo con cara de “qué bárbaros” y sólo les dio risa a todos los ocupantes del vehículo. ¿Qué podemos esperar si la “ley” se comporta así?

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