Padre, te quiero…

Junio 17. Día del Padre. Siempre me ha parecido que esta fecha no recibe la importancia que merece, sobre todo si la comparamos con el Día dela Madre. A lo mejor porque gran parte de los hogares salvadoreños carecen de esa figura. Pero aún así, hay hombres que sí están con sus familias, y que a pesar de las limitantes tratan de ser ejemplo para los suyos.

En mi caso particular, he contado con mi padre toda la vida. Con defectos y virtudes, como cualquier otro humano, me ha enseñado lo bueno y lo malo. Me ha dado ejemplo de cómo desenvolverme en la vida.

Recuerdo las visitas al Mundo Feliz, las veces que íbamos al Salvador del Mundo (cuando aún tenía árboles) y me comprabas el “sundae” de caramelo o chocolate. Cómo olvidar la vez que nos fuimos a la playa vos, mis tíos Eduardo, Raúl (QDDG) y Mirna –que no pasaban de 10 años–, Javier y yo. Toda una aventura en bus.

Aunque en su momento me caía mal, lo acepto, ahora me doy cuenta del valor que tiene el hecho de que fueras el “entrenador” de los equipos que hacíamos en el colegio. Lo fuiste por varios años. Eso te llevó a ser recordado por muchos de mis compañeros, quienes te respetan y saludan al verte en la calle. Sé que eso te agranda. Vos y tus pilas.

Gracias por estar ahí, padre.

Esta imagen no la tengo presente, pues estaba inconsciente, pero sé que vos me cargaste y sacaste del bus el día que tuvimos el accidente. Sacaste fuerzas de donde pudiste y me liberaste de los hierros que me aprisionaban. Gracias. Después solo tengo un leve recuerdo de cuando salí del quirófano: tu camisa roja, teñida por la sangre que derramé, vos acercándote a mí y que rompiste en llanto. Los problemas que este evento nos trajo son otro rollo, pero seguimos acá y como ya hemos hablado, debe ser por algo.

Con los trabajos, vos también me enseñaste a valorarlos, y de paso me hiciste parte de algunos de ellos. No he olvidado la caldera, las llamas, el haber visto una parte del proceso de producción de cuadernos. Tampoco las veces que trabajamos juntos en la granja reparando la caldera que serviría para producir comida para ganado. Buena paja para que yo me subiera a los tubos y vos te quedaras en el suelo, ¿verdad?

Por eso y muchas cosas, te doy gracias. Gracias por no tener vicios, por no hacerme soportar a un borracho, fumador compulsivo o drogadicto. Gracias por no hacerme parte de ese grupo que tiene hermanos fuera del hogar. Gracias por nunca levantarme la mano, por tratar de buscar otros métodos correctivos (aunque, acá entre nos, eran chistosos).

También te pido perdón por las veces que te he faltado el respeto. Sé que a veces mi forma de responder no es la más adecuada, pero nunca he querido herirte.

Me agrada saber que estás ahí, y por eso quiero que sepás que te amo y te respeto. Que incluso con las diferencias de pensamiento y acción que podamos tener, sos mi padre y eso nada lo puede cambiar. Así que no dudés lo que siento por vos, pelón.

PD:1 No creás que se me ha olvidado que muchas veces me diste paja cuando te pedía que fuéramos a jugar a la cancha. Muchos fines de semana madrugué en vano.

PD2: No olvidés lo que hemos hablado recientemente, recordá que más que luchar por mí, debés hacerlo por vos, mi madre y mi hermana. Los sacrificios cuestan, pero después viene el premio.

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2 pensamientos en “Padre, te quiero…

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