El respeto se gana

Sin duda que es difícil aconsejar con el ejemplo. Desde pequeños nos tratan de enseñar modos de comportamiento y actitudes ante determinadas personas o acciones, pero muchas veces quien nos hace esa exhortación no pasa de las palabras.

Nos dicen que hay que ceder los asientos a las embarazadas, a los ancianos, que hay que respetar a las personas mayores, y así un sinfín de convenciones sociales. No siempre se cumplen.

Y esas “maneras correctas” de actuar tratan de ser inculcadas precisamente por los adultos. Empero, muchas veces son ellos los que dan el ejemplo…  contrario.

Este fin de semana, en un evento en el centro comercial Las Cascadas por el Día de las Madres, acompañé a mi progenitora y mis abuelas a ver a Los Dandys. Menuda tarea. Y fue precisamente en ese lugar donde un venerable anciano de unos 55 o 60 años me dio un ejemplo, malo por cierto.

Resulta que en medio del evento decidimos ir por café y pan para (no dormirme en mi caso) ingerir algo mientras hacía su entrada en escena el cuarteto mexicano. Mi padre colocó una bolsa para apartar el puesto de mi madre y el mío. Justo en eso, frente a mí, pasó el referido señor.

Llegó al asiento donde hace dos segundos había estado mi madre, quitó la bolsa que acababa de colocar mi papá. Casi que la toma directo de su mano. Mi padre, incrédulo de lo que veía, solo le dijo que estaba apartado. Estaba de más porque acababa de ver que nos levantábamos. El venerable anciano solo dijo “no me importa”. Luego colocó su mano en el asiento que yo ocupaba y llamó a otra persona.

No me agradó la actitud del don.  Había otros asientos solos. Pero lo más importante: pudo preguntar si el puesto estaba ocupado y no solo llegar y sentarse. Creo que esa es una de las múltiples convenciones sociales que conocemos.

En fin. Me regresé. Me puse frente al venerable señor y le dije, de la manera más educada, que iba a hacer lo mismo que él. Así que le quité la mano del asiento que estaba apartando y me senté. Solo seguí su ejemplo.

Al final el señor se quitó. No hubo necesidad de más palabras. Realmente no buscaba confrontar a un anciano, pero creo que no es la manera correcta de hacer las cosas.

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