Fuimos inmortales

“Espero que no se hayan olvidado de mí.” Directo. Así es Enrique Bunbury. Esa fue una de sus frases en la conferencia de prensa en San Salvador, un día antes de su reencuentro con los fans cuscatlecos, el pasado 22 de marzo en el Gimnasio Nacional “Adolfo Pineda”.

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Enrique Bunbury a su llegada a la conferencia de prensa en CIFCO. Foto: G. Recinos

Pasaron 16 años, desde aquel ya lejano 5 de marzo de 1998 cuando el aragonés errante presentó su Radical Sonora, para que pudiéramos montar una barca sin saber dónde nos habría de llevar. Cruel castigo.

Pero parece que a Enrique Bunbury se le perdona. Y más de tres mil almas lo dejaron claro.

La promesa del cantante español de compensar esta larga ausencia fue pagada con creces. Con un viaje espectacular por “el pasado más lejano y más inmediato” de su carrera.

Desde temprano, sus seguidores nos apostamos afuera del gimnasio para ver al maestro, al extranjero, al licenciado Cantinas.

Los minutos se extinguían entre anécdotas de giras pasadas, de viajes por Centroamérica, de fotos y autógrafos no logrados, de la envidia que daban aquellos que compartieron al menos un minuto con él en el aeropuerto, en el hotel, o de aquel ingrato que rompió el protocolo de la conferencia de prensa y ahora lleva un tatuaje único con la firma de Enrique.

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Despierta fue la canción con la que empezó el concierto. Foto: G. Recinos

Cuando nos llegaron los acordes de la prueba de sonido, la palabrería dio espacio al canto. Era momento de despertar, de sentirnos inmortales, de prepararnos para la destrucción masiva, para deshacer el mundo. El viaje al infinito estaba cerca y el viento soplaba a favor.

Después fue demasiado tarde para poder parar. Adentro todos fuimos miembros del club de los imposibles, hijos de Cortés y de todo el mundo. Jinetes cuyo único grito de batalla era ¡Enrique, Enrique, Enrique!

Y ya con el ovni sobre nosotros, las consecuencias fueron inevitables. La descarga de energía desde los primeros acordes nos llevó a un estado de éxtasis inmediato. Bunbury, los Santos Inocentes y los salvadoreños fuimos uno solo.

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Bunbury y los Santos Inocentes deleitaron a los salvadoreños. Pura energía e histrionismo en el escenario. Foto: G. Recinos

 

“No se vayan. Han pasado 16 años y viajamos muchos kilómetros para venir a verlos. Déjennos tocar un poco más”, dijo Bunbury. Y así fue.

Fueron más de dos horas de estar frente a frente, de cantar a todo pulmón, de estremecernos junto a su banda, de dejar que cada canción tocara nuestras fibras más sensibles. Y es que quién no ha deseado que paguen su rescate, encontrar un salvavidas, tener suertecita y no flaquear jamás.

Al menos por ese tiempo fuimos inmortales y sentimos que no hubo nada más alto que nosotros… solo el cielo.

 

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