Clásicos

Me gustan las cosas clásicas o “vintage”. Y ahora sé por qué.

Ayer estaba platicando con mi sobrino Rubén y me contaba que estaba muy emocionado porque su mamá va a regalarle un juego de legos que trae una figura de Ironman armable cuyo casco puede abrir y cerrar el visor. Les aseguro que mi descripción se queda muy corta ante todas las especificaciones que me dio (porque lo buscó en internet y lo vio en Youtube), por supuesto.

Le dije que me alegraba por él, pero que tenía que ser paciente hasta que mi hermana se lo pudiera comprar. Que saber esperar es una gran virtud en las personas. Se quedó pensando un momento, pero al final me dijo que sí y continuó con la lista de pros del juguete.

Y esa pequeña conversación dio pie a un montón de pensamientos y recuerdos en mi mente. ¿Qué cosas deseaba yo cuando era una niña? ¿Era paciente o impaciente? ¿Qué pasaba si no podían darme lo que quería? Sobre todo porque en casa éramos cinco niñas de edades muy similares y mis padres nunca tuvieron preferencias: si el dinero no alcanzaba para todas, pues no había para ninguna.

Y ni crean, tampoco había mucho dinero para andar comprando cada cosa que se nos ocurría. De ahí que con mis hermanas nos entretuviéramos jugando con lo que tuviéramos a mano.

En el jardín, por ejemplo, hacíamos “casas de Barbie” con palos, piedras y cualquier cosa que encontráramos. Le volábamos las melenas a las muñecas y las manchábamos, les hacíamos nuevos “outfits” con retazos de tela que le quedaban a mi mami, luego nos agarrábamos a “muñecazos” y al final de la tarde íbamos, como si nada, a cenar y a inventar otra cosa.

O jugábamos los juegos clásicos: los colores, las ollas, las estatuas de marfil, ladrón librado, ladrones y policías, mica, escondelero y otro montón más.

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Los Adidas Samba son el mejor ejemplo de esto. Eran el objeto de deseo en mi niñez. Ahora que al fin los tengo, estoy disfrutando cada paso que doy con ellos. 😀

No es mi objetivo hacerlos decir “awwww” con este relato. Así que volveré al inicio de mi relato: Me gustan las cosas clásicas o “vintage”. Y ahora sé por qué.

Las cosas viejas están de moda porque los que nacimos en la generación X y pertenecimos a hogares con economías apretadas al fin podemos adquirir todas esas cosas chivas que no pudimos tener cuando fuimos niños. O al menos eso explica mi caso.

Pueden ser cosas que para otros resultarán simples: ropa, accesorios, videojuegos, zapatos, etc. Sin embargo, la satisfacción de tener algo, aunque sea muchos años después, y que le ha costado a uno lo que solo uno sabe no tiene comparación.

 Ahora sí: “Awwwww”. 😀

P.D. Si son niños de la generación X, a lo mejor se leen esto y les gusta tanto como a mí. 

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