El hijo de la tortillera

No me andaré con rodeos, Juana. Te amo y le doy gracias a Dios por permitirme ser tu hijo. El hijo de la tortillera.

Desde que tengo uso de razón te he visto levantarte antes que todos y ser la última en ir a la cama. Mientras otros descansaban, vos continuabas en pie. Y aún eres así. Mi ejemplo.
Tu sacrificio quemándote día a día frente a esa plancha fue mi inspiración para no rendirme aun cuando las cosas parecían ir mal.

Gracias por tus regaños, tus consejos, la confianza que siempre has tenido en mí. Gracias por enseñarme a valorar las cosas, la importancia del sacrificio y la humildad.

Estoy orgulloso de ti, madre, de ser el hijo de la tortillera. Y eso vos lo sabés mejor que nadie, porque estas líneas son solo para que el mundo sepa lo que siempre te digo de frente.

Sin vos no sería lo que soy…

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